Tras 305 minutos y cinco partidos, con Pedro Martínez varios años mucho más viejo por consiguiente padecimiento , con los players del Valencia dando saltos de alegría y con la afición llorando de felicidad por entre las victorias mucho más ricas de su crónica , Ergin Ataman cruzó la cancha, agachó la cabeza y saludó, uno a la vez , a sus verdugos.









